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jueves, 11 de mayo de 2017

Cardenal Müller: «No se puede tener dos tipos de cristianismo»

(Observador/InfoCatólica) Gerhard Müller es un hombre tan solemne como las funciones que ocupa. Alto, fuerte y erguido, con sus ropas negras de un cardenal, es desde 2012 el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el brazo derecho del Papa Francisco en la preservación de los dogmas de la Iglesia Católica. Elegido por Benedicto XVI para ocupar un cargo que él mismo había desempeñado, tenía - y tiene - mucho en común con Joseph Ratzinger. Ambos son alemanes, teólogos y académicos, y comparten una cierta visión del mundo. Además, Müller fue elegido por Benedicto XVI para coordinar la publicación de sus Obras Completas.

El Prefecto es visto como un conservador que no duda en recordar públicamente los preceptos de la doctrina cuando las voces progresistas piden cambios. Fue atacado después de recordar, en una entrevista a la revista Il Timone, que, a la luz de la doctrina católica, los divorciados vueltos a casar viven en situación de adulterio y «el adulterio es un pecado mortal». Al Observador, Müller dice que no tiene miedo de hacer declaraciones impopulares: Jesús no fue muy bien aceptado cuando habló de la indisolubilidad del matrimonio». Sin embargo, se siente insultado cuando le atribuyen el epíteto de policía de la doctrina.

En los últimos cuatro años, ¿cuáles fueron los principales cambios que Francisco trajo a la Iglesia?

Los media prestan atención a los zapatos rojos o negros, que, para mí, no son cosas tan importantes. Se fijan en si vive en la privacidad en el palacio apostólico o en Santa Marta. Estos no son asuntos de relevancia teológica, pero lo más significativo es el nuevo estilo que viene de la experiencia del Papa en América Latina, más cerca de la realidad de los pobres y de las grandes diferencias que existen en la sociedad.

En Alemania después de la Segunda Guerra Mundial, dejó de haber esa disparidad entre las clases, tenemos una sociedad más unida, hay más solidaridad, gracias a la doctrina social de la Iglesia que se inició en la post-guerra, en Alemania, y a los partidos democráticos de inspiración cristiana y a los socialdemócratas. No hay tampoco tantas fuerzas anticlericales.

En mi tiempo de profesor universitario en Munich, cada año pasaba tres meses de vacaciones en países de América Latina - Perú, Brasil - . Así que esta mentalidad, diferente de la europea y de la norteamericana, no me resulta tan extraña. Conocí algunas obras sobre la teología de la liberación que está de acuerdo con la doctrina de la Iglesia, mientras que otras están más cerca del enfoque marxista. Lo que yo recojo de la teología de la liberación es un mayor desarrollo de la doctrina social de la Iglesia, en relación con las circunstancias especiales existentes en América Latina.

Desde el punto de vista del dogma, no hay nada que diga que el Papa debe venir de Europa, del centro de Europa. En el pasado, hubo muchos Papas de Grecia, de Siria, de otras partes del Imperio Romano, en representación de otras culturas. No es absolutamente nuevo tener un Papa que proviene de una cultura diferente. Ahora, por primera vez, tenemos papas de continentes diferentes, pero la cultura de la Argentina no es totalmente diferente de la europea. Está más cerca lo que lo están algunas culturas asiáticas. La realidad latinoamericana es una mezcla de las costumbres europeas con las nativas. En otros continentes, como África o Asia, hay una cultura propia más fuerte, que no sufre tanta influencia del pensamiento europeo. Esto para nosotros no es un problema. Es un signo de la riqueza de la revelación de que todos están llamados a pertenecer a la misma iglesia, a la misma familia de Dios en todo el mundo.

En América Latina, el Papa siempre estuvo cerca de los pobres, de la periferia de la sociedad, de la que él tanto habla. ¿Esa realidad presenta desafíos a la Iglesia y a la doctrina?

Tenemos una doctrina social. Esta cuestión de las periferias no comenzó con el papa Francisco, lo que sucede es que él ha subrayado ese aspecto, le ha dado relieve. Pero no empezamos de cero. En la historia de la Iglesia encontramos tantas situaciones similares ... Cuando hubo nuevos encuentros entre diferentes culturas, cuando los germanos y los eslavos entraron en la cultura cristiana eso dio lugar a tensiones y a la necesidad de nuevos ajustes. No tenemos una cultura cristiana tan puramente europea que justifique quedarnos sorprendidos con el enfoque de otra cultura católica. Siempre hay una dimensión de universalidad de la Iglesia, que puede ser representada e inculturada por diferentes pueblos. Las culturas deben estar abiertas a la vida universal de todos los pueblos del mundo. Son esoa pueblos de todo el mundo los que forman la familia de Dios. San Juan Crisóstomo escribió en una famosa carta a San Ireneo de Lyon cómo era admirable que los que vivían en la India, en Siria y en Germania en ese momento, a pesar de las diferentes culturas y lenguas, fuesen miembros del mismo cuerpo de Jesucristo. Esto es un milagro y una maravilla permanente que tenemos en la Iglesia.

Así que la gran diferencia en estos cuatro años es una cuestión de estilo.

Es el estilo. El Papa que vendrá después también tendrá su propio estilo. Fue siempre así, nadie puede ser una copia de su predecesor. Cada Papa, en su persona, es un sucesor de San Pedro, dogmáticamente hablando, no es un sucesor de su predecesor. Desde el punto de vista temporal y cronológico, lo es, pero en el nivel del dogma es el sucesor de Pedro y tiene el derecho de llevar a cabo su misión de acuerdo con su carisma, con su historia, de moldear el Pontificado a su manera.

El Papa anterior trabajó en esta Congregación, fue el Prefecto durante años. Era de la casa. Francisco no. ¿En qué medida es diferente la relación de los dos con la Congregación para la Doctrina de la Fe?

Debido a su historia personal, naturalmente que Benedicto XVI estaba más próximo. No se puede pasar aquí 24 años y luego decir: «Esto no tiene nada que ver conmigo». Por eso, claro que sus emociones y su sensibilidad estarán más próximas a esta Congregación, pero la tarea de este departamento no cambió. El ir y venir de un Papa no significa lo mismo que la entrada o la salida del Prefecto. Las tareas se superponen y la misión de esta Congregación no sólo depende del Prefecto, sino de los sacerdotes y de los 25 cardinales que trabajan con nosotros. La tarea de la Congregación para la Doctrina de la Fe no ha cambiado y consiste en asesorar al Santo Padre, en dar apoyo a su magisterio, con autoridad y responsabilidad, con el trabajo del día a día. Para nuestros documentos y doctrinas, necesitamos la aprobación del Papa, pero en nuestra vida diaria actuamos bajo su autoridad, pero con nuestra responsabilidad.

¿Con qué frecuencia se reúne con el Papa?

Depende. Los prefectos de esta Congregación y de la Congregación para los Obispos tienen reuniones periódicas con el Papa, cada semana, cada quince días. Dependiendo de la ocasión, estas reuniones pueden ser más frecuentes.

¿Son en el palacio apostólico?

Por lo general, en el palacio apostólico, porque no son reuniones privadas con amigos o familiares. Son reuniones de trabajo en las que le llevamos los documentos que estamos preparando para que él tome decisiones.

Amoris Laetitia

Hubo momentos, después de la elección de este Papa, que insiste en una orientación pastoral, en los que el señor cardenal advirtió que la Iglesia debe ser prudente con algunos cambios. Me refiero a la interpretación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia , y a la carta que algunos cardenales escribieron al Papa durante el Sínodo de la Familia, por ejemplo. ¿Cómo se conjuga con el hecho de ser el Prefecto el parecer, a veces, que se tiene una opinión diferente de la del Papa?

No creo que el Papa haya cambiado la doctrina de la Iglesia. La doctrina dogmática no se puede cambiar porque se basa en la Revelación y en el magisterio de la Iglesia, del Papa y de los obispos. En la doctrina de la Iglesia, Jesús es alguien que revela, es un mediador de la salvación. Los Apóstoles y sus sucesores solamente ejercen el ministerio de la revelación y de la salvación que nos es dada por Jesucristo. Tenemos que ser verdaderos ministros de Cristo. El papa Francisco ya ha dicho en relación con la doctrina del matrimonio que es muy clara y que está muy bien formulada y no está únicamente relacionada con palabras de la Biblia. Es el resultado de doctrina establecida a lo largo de dos mil años. No podemos ignorar el Concilio de Trento, por ejemplo, ni la doctrina sobre el matrimonio elaborada en la [Constitución pastoral] Gaudium et Spes, resultante del Vaticano II, ni lo que se dice en la [exhortación apostólica] Familiaris Consortio [ de Juan Pablo II ], ni en la encíclica Caritas in veritate, del Papa Benedicto XVI, ni en todas las declaraciones hechas por nosotros. El problema hoy es cómo nos debemos dirigir a este gran número de personas que no entienden la doctrina cristiana relativa al matrimonio. Comparten otra mentalidad que no es amistosa, ni favorable a la vida y a las prácticas cristianas. [La cuestión es darse cuenta de] cómo llegar a estas personas y explicar lo que significa para nosotros la gracia de Dios, cuál es el sentido profundo del matrimonio, de la paternidad, de convertirse alguien en padre o madre. Estos elementos básicos de nuestra antropología no siempre son comprendidos.

Pero esos diferentes enfoques provienen de todas partes, incluyendo la Iglesia. Los obispos de su país, Alemania, por ejemplo, tienen una opinión diferente con respecto al Capítulo VIII de la exhortación Amoris Laetitia.

Pero nada de esto depende de las opiniones personales de los miembros de la Iglesia. No son las opiniones de los obispos las que son decisivas, sino la fidelidad a la palabra de Dios. Hay aquí un cierto positivismo del magisterio, como si el Papa o el consejo de los obispos fuesen señores de la revelación. Eso es un malentendido. El Papa dio una interpretación en la Amoris Laetitia, y no es bueno que los obispos den una interpretación de la interpretación. Critiqué eso. Es contrario a la estructura de los sacramentos de la Iglesia Católica. El Papa tiene una autoridad superior, sujeta a la revelación, y es responsable de la unidad de la Iglesia, en la fe revelada. No es alguien que emite ciertas opiniones con el fin de hacer una síntesis de opiniones al respecto. Algunos obispos corren el riesgo de prestar más atención a lo que puede sufrir el efecto de la opinión pública que a la palabra de Dios, que debería ir en primer lugar, de acuerdo con la Biblia y la tradición apostólica.

¿Y cuál es su propuesta para tratar con los católicos que contrajeron matrimonio y se hayan divorciado?

El sacramento del matrimonio es indisoluble por la voluntad de Dios. Nadie puede cambiar eso. Una posibilidad es volver al legítimo esposo o bien renunciar a las relaciones que no son válidas. La cuestión radica solamente en percibir si las condiciones para aquel matrimonio se habían reunido, de acuerdo con los preceptos de la Iglesia. El matrimonio civil no es exactamente igual al sacramento del matrimonio. Sin duda, hay muchas personas que no consiguen entender esto.

¿Cree que siempre se puede volver a la unión?

Si humanamente no fuese posible, tampoco pueden vivir [con otros] como si fuesen esposos.

Algunos argumentan que eso elimina la posibilidad de la penitencia o la posibilidad de reconocer lo que salió mal, quedando involucrados en la vida de la Iglesia.

No se puede tener dos tipos de cristianismo: uno para una élite, que respeta la palabra de Dios, y otro para los otros, a quienes imponemos solamente algunos derechos y sacramentos, dejando correr la vida tal como es. Jesús vino a cambiar el viejo mundo de pecado, del cual formaba parte el divorcio. Jesús explicó esto de forma muy clara. No es tan fácil satisfacer la voluntad de Dios. Jesús no quería ir a la Cruz. Podemos decir que era necesario que Jesús muriese por nuestros pecados, pero eso no depende de nuestra voluntad personal, de nuestra opinión. Cuando las personas dicen que sí solamente a una persona, para toda la vida, y les es concedido por Dios el lazo matrimonial, Él establece una alianza entre esas dos personas. Debemos respetar la realidad del sacramento que recibimos. Seguramente que para muchos en el mundo esto es extraño. Muchas personas son incapaces de comprenderlo y buscan formas de huir de esta realidad. Pero si somos bautizados, somos bautizados, somos cristianos. No podemos decir: «Ah, yo vivo en un mundo de musulmanes, voy a la mezquita, porque podemos alabar a Dios en todos los sitios». Si somos cristianos, somos cristianos. Es preciso asumir las consecuencias. Si nos casamos en cuanto cristianos, tenemos que asumir las consecuencias de esto. No podemos decir: «Me casé primero, tuvo dos hijos, y después me casé con otra persona, tuve otros hijos y ya no quiero saber de los primeros». Hay obligaciones que resultan del matrimonio que es preciso asumir.

¿Como prefecto de la Congregación se siente, en cierto modo, el policía de la doctrina?

En cierto modo, eso me parece insultante. Es un estereotipo que cae sobre nuestra Congregación. La fidelidad a la palabra de Jesucristo es una tarea de la Iglesia, no tiene nada que ver con la policía. La palabra de Dios es una palabra de salvación. Podría parecer bueno para nosotros que encontrásemos formar de dar razón de Jesucristo de manera que la religión fuese aceptada por todos y mereciese el aplauso de todos, pero nosotros somos la Iglesia Católica. Tenemos que permanecer próximos a las palabras de Dios, en caso contrario perdemos nuestros fundamentos. No podemos hablar solo para agradar a las personas.

Esto significa que a menudo le corresponde a usted para ser la voz del deber ...

Si yo dijese: «pueden hacer lo que quieran», sería muy querido. Dirían: «Oh, es un gran amigo nuestro». Pero si los padres o los maestros permiten todo a los niños... A la larga, no es bueno para nosotros. El propio Jesús no fue tan bien aceptado cuando habló de la indisolubilidad del matrimonio. Los apóstoles no quedaron muy entusiasmados. Decían: «Es imposible para nosotros en cuanto hombres». Pero Jesús dijo : «Con la gracia de Dios, todo es posible». Esto es el Evangelio cristiano – y no solo hablar para agradar a las personas -. Algunos hablan de conservadores y liberales. ¿Cuáles son los liberales? ¿Qué pasó con algunos países que se unieron al cristianismo liberal, reduciendo la base del cristianismo? Cayeron en el secularismo, en la indiferencia. No es tan fácil ser y llegar a ser cristiano. Sólo hay un camino estrecho que lleva al cielo. Así que tenemos que mantener clara la revelación de Jesucristo, haciendo posible seguirlo.

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Articulo Revisado: Cardenal Müller: «No se puede tener dos tipos de cristianismo» Puntaje: 5 Reviesado por: Hermanos Franciscanos